EL PRIMER POLVO DE MARINA GLEZER

A puro verborragia, muy hablado.

Marina Glezer está terminando el CBC para el ingresar a la carrera de Sociología y debe el final de Sociedad y Estado. Actriz, guionista, productora y flamante directora de La ruptura, la pregunta obligada es ¿por qué?

-Quiero aprender a integrar desde las minorías.

¡Y vaya que ha integrado! Feminista, abortera, militante política desde niña, con una historia de vida entre cruenta y angelada, se encontró escribiendo su primera película y escribir, como saben, es un proceso tortuoso.

-Siete versiones, la escribí, lo reescribí, fue un proceso angustioso. No sé, escribir es una paja, o sea la soledad, los lugares. Vivo con mis hijos y mi, compañero, y me pasaba de trabarme y decir «no sé cómo Julia sale de acá, no sé qué va a pasar» después del tiempo salió. Tenía capricho. La historia en realidad, la película parte de una escena de sexo, se llamaba originalmente «el polvo inolvidable» y ella no se podía ir porque se daba cuenta de que no iba a acabar con nadie como acababa con él, ¿no?

Yo fui con esa idea inicial y me dicen «no se puede hacer, no se puede filmar un multiorgasmo» como el polvo inolvidable, no, el cine no capta, no tiene narrativa porque para que vos puedas transmitir que ella no se puede ir porque nadie la hace acabar como él.

Entonces fue mi primera frustración fue «yo quiero contar una que no puede soltar porque nadie se la coge como se la coge», no se puede, me dijeron eso no se puede, entonces tuve que pensar otro dinámica en donde esa escena de sexo fuera un real polo erótico cachondo, pero que surgiera a partir de «no importa, si no estamos más igual queremos coger» que es un poco el no quiero estar con vos, pero coger sí, sí que nos pasa que nos pasa. Un poco era ese el temor filmarla fue el equipo fue realmente un conflicto en la dirección del grupo. Solo había dos argentinas en el equipo era todo formado por productores uruguayxs.

-Encima hay sexo lindo

-Si me decían «ah le chupa la concha, eso es porque sos mujer».

-¿Y vos cómo llegaste a la actuación?

-En los 90s de mi madre, porque mi padre no le pasaba tanta plata y nosotros vivíamos con ella, entonces me empoderó a los 10 años. Bueno, yo puedo bancar esta familia, no necesitamos hombres, claro, nosotras yo trabajo y ahí lleno de la heladera, soy maravilloso, podía ser modelo publicitaria, pero multiplicar y dividir mal, porque tenía diez años. Mi papá me lo prohibe. A los años empecé a trabajar en Buenos Aires no duerme ,en el FIBA y en BAFICI porque quería trabajar y hacía un programa en Radio panda que era una radio infantil tenía un programa llamado. Encontré la vocación cuando termino el secundario y empiezo con Norman Briski, termino el secundario conozco a mi compañero, también actor, pues ahí ya cuando volví del Polonio y estaba demasiado, claro, ya tenía mi vida. Nada. Bueno, ya había pasado por adoptar una ballena y las ballenas que tenía la cola de la ballena cosas que los chicos pueden hacer para salvar al mundo, ya está cambio climático.

Fui a debutar a la tele debuté en un programa que dirigía Pablo Fisherman, que se llamaba Por ese palpitar, entonces nos pasa el 2000, o sea, pasa todo el quilombo 2001. Y Néstor baja los cuadros. Cada uno cuenta y eso rompe el silencio y unifica e integra una misma historia.

-Que es la tuya.

Tan atrevesado como la película que dirigió está su vida. Podríamos haber charlado todo la tarde -y lo hicimos a la vuelta-pero ella va disparada a hacer otra cosa y encontrarse con sus hijos.

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