PUTAS Y FEMINISTAS EN RESISTENCIA

// Por Ayelén Cisneros. Fotografía por Silvina Galzerano. Viaje al Encuentro Nacional de Mujeres en Chaco con las trabajadoras sexuales.

 

 

Lo personal es político es una de las frases feministas que siempre resonó en mi cabeza. No pude dimensionar el sentido de estas palabras hasta que viajé con las trabajadoras sexuales al Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) que se hizo en Chaco. Estuve casi cuatro días con ellas: cené, desayuné, dormí y hasta me bañé con ellas. Entendí varias cosas.

Haber decidido viajar con las putas feministas fue una idea que maduró con el tiempo. Hace un año atrás el video de Georgina Orellano en el ENM de Rosario me explotó la cabeza.

¿Por qué no nos indignamos de igual manera por lo que hace una trabajadora doméstica para ganar plata que una puta? Georgina decía que la puta trabaja con la concha y la concha es sagrada para lxs que se indignan. Pensar que hay una parte sagrada de nuestro cuerpo es patriarcal. Entonces, para destruir al amo no podemos usar las herramientas del amo.

Luego de esa idea shockeante empezó mi búsqueda. Googleé AMMAR. Sus siglas significan Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina y funciona como el sindicato de la trabajadoras sexuales. Leí que son mujeres que se organizaron por la constante violencia que ejerce la policía. AMMAR existe desde 1994, en 1995 pasó a integrar la CTA (Central de Trabajadores de la Argentina) y desde 1997 es parte de la red de Trabajadoras Sexuales de Latinoamérica y el Caribe (RedTraSex). Seguí trencitos de conversaciones en Twitter sobre feministas que discutían esa idea. Me crucé a las putas en las movilizaciones del ocho de marzo y también en las de trabajadores y en la de Ni Una Menos. Leí a Virginie Despentes y su reivindicación como sex worker. Leí también posturas en contra, escuché podcasts donde se exponían distintas opiniones como Pernocte, de Paula Gimenez.

Fui militante territorial y de Derechos Humanos. Siempre me pensé feminista pero la idea de participar de espacios feministas me parecía que era para un segundo momento. Primero lo “político” y luego el “género”. A partir del Ni una menos y más intensificado luego de descubrir a las putas feministas tuve la necesidad de debatir temas que me daban vuelta. Nunca había querido ir al ENM porque solo era un espacio de debate, no salían políticas públicas o cosas así. Quería resultados. Cómo iba a tenerlos si no tenía ni un espacio para la reflexión.

¿Cómo iba a escribir sobre el trabajo sexual sin conocer a las putas?

María Riot (trabajadora sexual) y Georgina Orellano (secretaria general de AMMAR) esperando en la puerta del Colegio Nacional José María Paz.

Llegamos a Chaco luego de once horas de viaje. Trabajadoras sexuales, aliadas y un grupo de lesbianas y mujeres bisexuales llamado La fulana viajamos juntas. Las personas en Resistencia nos miraban con la extrañeza con la que se puede ver a un extraterrestre. Algunas fueron amables y otras no tanto. Durante días, en las redes sociales, hubo una campaña de miedo en las que dijeron que iban a llegar 60 mil mujeres a romper la ciudad. Claro que nos iban a mirar con miedo.

A la una de la tarde ya estábamos bajo ese sol tremendo que tiene Chaco. En la puerta del Nacional estábamos primeras esperando entrar. Pura fuerza militante la de las trabajadoras sexuales. En el listado de talleres del Nacional estaban todas las disidencias a la norma: putas, lesbianas, bisexuales, trans, gordxs. Alrededor de las tres de la tarde entramos a las aulas. Siete talleres, dos en modalidad asamblea, uno de ellos en la calle con Georgina Orellano con megáfono en mano.

Fui a uno de los talleres que se hacían en las aulas. Éramos setenta y cinco minas sentadas expectantes, queríamos hablar y escuchar a las trabajadoras sexuales. Chicas de Malajunta (la colectiva de Patria Grande), chicas de La Plata, chicas de Neuquén, una periodista, varias trabajadoras sexuales. Una de ellas, con pelo corto, color naranja, era de Santiago del Estero. Antes de viajar le contó a un cliente que iban a tener que hacer dedo con unas amigas para llegar al Encuentro. El cliente les regaló el pasaje para viajar en micro. La historia se sumaría a varias que escuché a lo largo de los tres días. Los clientes empezaban a tener sustancia para mí, no eran el fantasma que muchxs invocaban.

Uno de los talleres, sacada con mi celular.

El taller comenzó retomando las conclusiones del Encuentro del año pasado. Las trabajadoras sexuales recordaron que en 18 provincias siguen vigentes los códigos contravencionales que las persiguen a ellas y a otros trabajadores que están en la calle. Unos días antes del viaje habían presentado en la CTA junto a FUERTSA (el Frente de Unidad Emancipatorio por el Reconocimiento de los Derechos de Trabajadorxs Sexuales en Argentina) “La calle es de todxs”, la campaña por la derogación de estos códigos contravencionales.

Trabajadoras sexuales contando sus vivencias en plena asamblea.

Una chica preguntó por las herramientas de autocuidado que tenían. AMMAR para eso creó la Putyseñal, una aplicación para el celular que envía alertas de localización grupos de confianza y defensores y recomendaciones si te llevan detenidx. También dan charlas para el autocuidado de lxs que trabajan en calle y de educación sexual. En la charla apareció el ejemplo de las zonas rojas como las de Holanda. Las putas lo dejaron en claro: no quieren zonas rojas porque aquí eso le da poder a la policía, permite la práctica de la coima.

A la mitad de la primera parte escuchamos unos gritos en el pasillo. Me paré asustada y nos pidieron que no saliéramos, que no dispersáramos los talleres. Unas mujeres entraron pateando la puerta de una de las aulas a los gritos. Una de las trabajadoras sexuales salió y recibió una piña en la cara. El peor rostro de las antiputas, el de la violencia. Quisieron romper los talleres que estaban estallados de participación. No pudieron, mil personas querían escucharlas.

Una chica de un barrio vulnerable contó orgullosa que su hermana es puta y que de esa forma pudo estudiar: “es una puta con título”. Otra piba pidió la palabra: “así como hay mujeres que abortan hay mujeres que trabajan ofreciendo sexo”.  Una chica con una remera violeta agregó: “si te coges treinta tipos sos re empoderada pero si les queres cobrar sos una víctima”. Me sorprendió la claridad y la empatía que tenían chicas que algunxs podrían definir sin marco teórico.

En el Encuentro había otro taller, que se desarrollaba en otro colegio, el de mujeres en situación de prostitución. A raíz de eso, en nuestro taller salió la pregunta de qué diferencia hay entre una trabajadora sexual y una mujer en situación de prostitución. Una de las trabajadoras sexuales lo resumió en: no les gusta hacerlo, se llega por necesidad, se culpa al Estado por la ausencia de políticas públicas. “Nosotras pedimos derechos laborales para las trabajadoras sexuales y opciones para las que no quieren ejercerlo” aclaró y esa frase es la que se repetiría más veces a lo largo del viaje.

Marchando por Resistencia.

La primera jornada de los talleres había terminado pero quedaba la proyección de Alanis, la película dirigida por Anahí Berneri y protagonizada por Sofía Gala. Estábamos muertas pero con ganas de mostrar la película que en muchas ciudades no se pudo ver por lobby moralista o cosas similares. La vimos en el club donde dormíamos, el Hindu Club. Luego el Festival Torta en la plaza principal, no me dio el cuero para seguir, pero la mitad del grupo fue. Putas y lesbianas tienen una hermandad imbatible: “hacete torta o empezá a cobrarles, amiga”, escuché por ahí. Me quedó rebotando en la mente.

A las siete de la mañana estábamos nuevamente despiertas. Un grupo de muchachos con muchas ganas de demostrar que sus motos estaban modificadas para hacer ruido se había reunido durante la madrugada debajo de nuestra ventana. Afloraron sentimientos feminazis en mi corazón. Aproveché para bañarme en la única ducha con agua caliente (y sin cortinas, claro). Todas las inhibiciones se me fueron a lo largo de las horas. A las ocho y media de la mañana la mayoría ya estaban maquilladas y listas para partir. Admirable.

La segunda parte de los talleres se enfocó en hablar sobre la agenda de las trabajadoras sexuales. Tres puntos principales: derogar los códigos contravencionales, revisión de la ley de trata y reconocimiento a través de derechos laborales. La ley de trata eliminó el consentimiento de la persona para ejercer el trabajo sexual. Por otro lado, la prostitución no está prohibida, está prohibido el proxenetismo y además están criminalizados los contextos donde se ejerce el trabajo sexual. Las charlas en el taller llevaron ejemplos de cómo la policía llega a un departamento, se lleva presa a la que abre la puerta y la acusa de proxeneta o tratante y como las demás son tratadas como víctimas de explotación o trata. Las trabajadoras sexuales hablan siempre de trabajo consentido, autónomo o en modalidad de cooperativa.

Fue inevitable que la conversación se torne más ideológica. La curiosidad y las ganas de debate de personas que nunca tuvieron una puta enfrente llevaba a preguntas como “¿y por qué elegiste este trabajo?”. Mónica, secretaria general de AMMAR San Juan, lo respondió contundente: “Soy puta porque me gusta, gano bien, manejo mis tiempos, si quiero trabajar una semana sí y otra no, o dos horas o seis lo elijo yo, soy mi propia jefa”. Una mujer de cincuenta años preguntaba por qué las jóvenes se sentían interpeladas por la lucha de las putas (viendo el éxito de los talleres). Las respuestas incluían solidaridad con quienes tienen menos derechos pero también de lo revolucionario que es para el feminismo trabajar de puta, ser dueñas de nuestro cuerpo y de cómo ganamos dinero con él. Las conclusiones del taller incluyeron el pedido de continuidad de los talleres en el siguiente EMN.

La tarde de domingo terminó con una marcha por Resistencia esquivando la Catedral, que iba a estar llena de policías y que terminaba en una peña en las afueras. Purpurina, stickers, labios violetas, remeras recortadas que decían Puta feminista, Feminismo antiyuta, Putas como Eva, Zorroridad vestían a toda la columna de las putas. Como militante política que soy, la idea de marchar maquillada me parecía rara pero estaba a mil y pico de kilómetros de mi casa y de mis compañerxs así que me animé a unas cositas con autoadhesivos que me pegué al costado de los ojos.

Me puse los brillos.

“Vamos con las putas, nunca con la yuta”, “que nos vengan a ver, que nos vengan a ver, somos las prostitutas que trabajamos en el cabaret”, “de ser lo que nos da la gana: ser putas, travestis y lesbianas, trabajo sexual en cualquier lugar”, “las putas también somos trabajadoras y al que no gusta, la soba” todos los cantos a los gritos durante veinticinco cuadras.

Las trabajadoras sexuales marcharon con la imagen de Sandra Cabrera, trabajadora sexual asesinada en Rosario por denunciar la complicidad policial en casos de explotación sexual de menores.

Muchas marcharon en tetas, me encontré con compañeras de la facultad que terminaron sin remera también. Las miradas de los vecinos eran fuertes pero habían varias sonrisas. Llegamos al campo donde se hacía la peña. La fiesta tuvo su momento culmine con una bengala en las manos de Georgina. Los pies dolían para la vuelta.

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Uno de mis aprendizajes de este viaje fue que la mayoría de las putas son madres también. En el viaje de vuelta me contaron cómo hacen para combinar horarios con los del colegio de los hijos, de cómo costaba tener una pareja, de cómo le contaron a su familia que eran putas o que todavía lo estaban ocultando. De cómo pasan precios altísimos de servicios que no les gustan hacer a los clientes (como por ejemplo sexo anal, BDSM, lluvia dorada, etc). Una chica del sur nos contaba que allá como las distancias son más largas y no hay transporte pasa a buscar a sus clientes con el auto y que eso también se los cobra. La vida sin derechos laborales es complicada. Viven expuestas a los abusos de la policía. Comparé mis condiciones laborales con las de ellas, las que hacen trabajos freelance se vieron hermanadas con el tema de poner condiciones y precios.

Si nos podemos comparar, es porque somos trabajadoras.

Lo personal siempre es político.

 

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