El jueves 27 de febrero nos congregamos en frente del Ministerio de Salud para movilizar hasta la Plaza de Mayo con un par de consignas básicas: que no cierren el hospital Bonaparte, el Posadas y el Sommer.
Cuando vuelvo a agarrar este texto, ya se ha declarado declarado casi ilegal el acto patriótico de manifestarse.
Vuelvo:
Somos médicas y médicos del Ministerio de Salud, pertenecientes a las direcciones de Vacunas y de VIH, TBC y Lepra, que presentamos nuestra renuncia con profundo pesar ante el desmantelamiento de nuestras áreas, el grave riesgo cierto e inminente que esto implica para la salud pública, y el aumento de los costos a mediano y largo plazo que van a pagar de su bolsillo todos los contribuyentes.
Desde el inicio de este año, la incertidumbre sobre la continuidad de los equipos técnicos se ha traducido en recortes alarmantes que disfrazan de “terminar con privilegios y curros”: acusan de ser “ñoquis” y “casta” a profesionales altamente calificados, reconocidos, y con una dedicación y trayectoria incuestionables.
En enero, en medio de un aumento de los casos y muertes por tuberculosis y de nuevos diagnósticos de VIH y hepatitis, se confirmó la disolución de las coordinaciones de Hepatitis Virales y Tuberculosis. Luego, en pleno brote activo de sarampión y de hepatitis A, la reducción del 40% del equipo de VIH y del 30% del equipo de Vacunas.
La evidencia es incontrovertible:la prevención no solo evita enfermedades y sus complicaciones y salva vidas; sino que además reduce significativamente los costos en salud. Sin embargo, las decisiones actuales priorizan el ajuste a corto plazo en detrimento de las políticas de prevención y control, con consecuencias de alto costo sanitario y económico, que son además potencialmente irreversibles para la salud pública.
No vamos a ser parte de un Ministerio en el que los programas esenciales no pueden dar respuesta a las obligaciones básicas que marca la Ley. Nuestra renuncia es un acto de ética médica, de responsabilidad cívica y profesional, y una advertencia urgente. La salud pública no es un gasto: es una inversión en la vida y el bienestar de toda la sociedad.

Le pregunto a una amiga disca, Florencia Santillán, que opina sobre todo esto y si le afectó en el día a día:
A mí no me afectó en lo personal en mi cotidianidad o en o en mis atenciones. Pero me afecta porque sé el impacto que tienen en lo colectivo en el vivir en sociedad en el que en el que estamos y particularmente en lo personal porque tengo un familiar cercano que es una persona que porta VIH positivo.
Entonces, siempre este tipo de de noticias y este tipo de recortes, bueno, uno les presta un poco más de atención. Insisto, primero que nada por lo colectivo, porque bueno, al menos en mi percepción somos porque somos en colectividad y somos un todo y después por una cuestión personal.
Y ante la pregunta de cómo está ella, responde lo siguiente:
Bueno, sí, yo tengo cobertura privada de salud, tengo una prepaga cordobesa a la que le pago un poco más de 700 000 pesos por mes. La explicación del monto es básicamente porque me toman preexistencia por ser una persona con una enfermedad poco frecuente, una persona con discapacidad, pero en este último tiempo esos aumentos al estar liberados de forma mundana «como pueden hacer lo que quieren», en este último tiempo, por decirte, en este último año, año y pico, la verdad que aumenta cada vez más y por lo general aparte los aumentos eran en porcentajes bastante bajos y ahora son en porcentajes bastante más significativos que hacen a un monto tan zarpado como más de 700 000 pesos por mes por una cobertura de salud.

¿Un pronóstico?
El panorama es superdesalentador, ¿no? En principio por lo que digo, por los desfinanciamiento y por los recortes que está viendo en los espacios de ciencia que se dedican a investigar eh las enfermedades poco frecuentes, los tratamientos, los nuevos tratamientos que van apareciendo.
En segunda instancia, pero en la misma línea con la inmensa precarización laboral que hay para todos los trabajadores y las trabajadoras de la salud, que lógicamente eso termina afectando directamente en en los servicios que se van prestando.
Los laburantes están cansados, los laburantes no pueden llegar a fin de mes, los laburantes del sistema de salud están sosteniendo un sistema de salud con su propio cuerpo y en un panorama tan tan desolador, obviamente que que todos se vuelve como más caótico, ¿no?
A nivel coberturas de las prepagas, de la tanto de la medicina prepaga como de las obras sociales, digo, cada vez cuesta más que te cubran: tratamientos, medicaciones, insumos, etcétera, que estén vinculados a los tratamientos de enfermedades poco frecuentes.
Entonces, creo que el panorama es sumamente complejo, las personas que por tener una enfermedad crónica o una discapacidad pagamos 750 lucas de de prepaga en algún momento no lo vamos a poder pagar más y eso hace que también sea cada vez más más difícil sostener las coberturas. Así que creo que el pronóstico es es complejo, ¿no? Y es complejo para mal.
Creo que hay una urgencia que es discutir los sistemas de salud eh para las personas que no entramos dentro de lo de lo más convencional de las enfermedades.
Claro que sí. Seguimos.