A FAVOR DE EXPONER MI INTIMIDAD ESTANDO ENFERMA

«Lo que se hace en público es político» dice más o menos Hannah Arendt y recupera Johanna Hedva en su Teoría de la mujer enferma. This meant that whatever takes place in private is not political retoma Hedva, que tiene un punto. Podés ser racista, misógino o lo que fuera en privado que si sos políticamente correcto en público no pasa nada. Otro problema con esta teoría aparece en una disertación de 2015 de Judith Butler, “Vulnerability and Resistance»,Arendt failed to account for who is allowed in to the public space, of who’s in charge
of the public.
Y a mí me gustaría agregar una tercera problemática que viene a cuenta del título de esta nota: hay tanta gente haciendo contenido con la vida fit y la obsesión por el wellness, ¿no hay algo meritorio de estar obesionada con la enfermedad?

(Este post en este blog que no es anónimo debería leerse en diálogo con la excelente nota que escribió Ingrid Sarchman en Revista Supernova)

Yo me considero una mujer enferma en contraposición a las «sanas». Sé que es ilusoria esa línea que nos separa. Sé que aún teniendo una enfermedad crónica y teniendo que seguir un tratamiento para siempre tengo mucha más salud física, mental, espiritual y comunitaria que otras personas. Comprendo que soy querida y que quiero. Sé que hay muchas personas que siguen este blog, el libro que publiqué con María Lucila Quarleri, en redes sociales porque hablo sobre estar enferma y ser joven. Entiendo que a veces no lo entienden tanto porque estoy buena de pronto ver fotos mías inyectándome, o con la vía en la vena. Intuyo que no doy enferma.

Obviamente, mi uso de las redes sociales es estratégico: no le muestro todo a todo el mundo, tengo una selección de mejores amigos en Instagram, no soy tan salvaje.

Ayer la llamé a mi madre, abogada que labura en temas laborales hace mucho tiempo, con la pregunta sobre las enfermedad incumpables. Por ejemplo, sí te agarra cáncer como le pasó a Lu y estás trabajando en relación de dependencia, «el trabajador percibirá el 50% de su remuneración básica si la imposibilidad de trabajar es consecuencia de una actividad voluntaria y consciente que implicara riesgo para su salud, y el 75% si no mediara tal circunstancia» de aprobarse la nueva ley de contratos de trabajo (LCT). Cuando me diagnosticaron la enfermedad, estaba facturando con un monotributo y renuncié porque no me gustaba mi trabajo y porque podía. Después trabajé en relación de dependencia cinco años. Las veces que broté de vacaciones volví a incorporarme como siempre. A lo sumo tuve licencias de 15 días. Creo que tuve más licencia cuando me abrí la rodilla por ART.

En un momento de flash con la enfermedad, me quería poner en LinkedIn que tenía esclerosis. Después entendí que quizás era TMI. Pero hay algo de ese desenfado que me sigue resultando atractivo. Por eso siento que lo que estoy haciendo es importante. Porque cada vez vamos a ser más personas enfermas, con enfermedades autoinmunes, crónicas, dolores, fatigas.

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