RONDA DE APOYADAS

El año pasado, en el pico del movimiento #NiUnaMenos, se denunciaron dos abusos en la matineé del San Isidro Club. Lo más notorio es que haya llegado a los medios porque, como podrá decir cualquier chica de la zona, es una práctica asentada hace años.

La pubertad nunca es fácil. Las hormonas, el deseo de transgredir y las mutaciones corporales son un cóctel fatal del cual una no sale sin alguna anécdota embarazosa. Para últimas generaciones de chicas bien, gente cómo uno, el rótulo espantoso que quieran, el rito de pasaje implicaba alguna apoyada en una fiesta. Las primeras salidas de noche generalmente se daban en ámbitos conocidos, cómo el club del barrio o un colegio de la zona cómo el Santa Inés.  Pero la familiaridad del ambiente se perturbaba con el ejercicio de la ronda de apoyadas.

“Cuando iba a Pachá matiné con mis amigas de Pilar, había algo que le decíamos el pozo, un lugar en el medio de la pista dónde bailabas abajo. Si te metías ahí era porque ‘querías que te violaran’ porque la gente te tocaba el culo por debajo de la pollera, te manoseaban las tetas, a mí me han llegado a colar un dedo. Si había un grupito de pibes bailando y vos pasabas por ahí, te agarraban, te metían a la ronda y todos hacían ‘eeeh’ te pijeaban todo”, grafica la diseñadora Lara Fuchs. “Se corría el rumor que en el SIC había un pasillo dónde te hacían de todo”, recuerda Eliza Enzenhofer, “siempre muchos grupitos de chicos haciéndose los capos”.

Capturas de Rugbytime, un vídeo paródico acerca de la vida rugbier en San Isidro del grupo Poxy Club.

“En retrospectiva, algo de calentura me imagino que provocaba”, resume Fuchs. Para Enzenhofer, era algo completamente establecido dentro de los códigos de apareamiento. “Uno venía de atrás, te apoyaba, te dabas vuelta y si era potable le entrabas”.

Este tipo de escenas se da en la interacción entre querer caer bien y ser deseada por tu par y el abuso. La capacidad de poner límites claros con respecto al cuerpo de una es muy difícil en un contexto dónde la manoseada es lo que “sucede”, lo “normal”. Son estos pequeños aprendizajes acerca de habitar un cuerpo femenino que terminan confluyendo en un femicidio todos los días.

↑ Según la encuesta, nos apoyaron a todas.

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