A pesar de que el gobierno de Javier Milei nos odia, a saber: eliminó el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, subejecutó partidas para insumos de salud sexual, recortó el Plan Acompañar, desmanteló la Línea 144, desfinanció el programa de reparación para víctimas de violencia, desarmó el plan de prevención de embarazos no intencionales adolescentes, eliminó la Educación Sexual Integral del presupuesto nacional, cerró el programa MenstruAR que proveía de copas menstruales a municipios y hasta votó en contra de una resolución en contra de la prevención de la violencia digital en Naciones Unidas, el miércoles en el Congreso y en toda las plazas de la República dijimos presente.

Ayer me crucé con al menos dos carteles que decían lo mismo ¿A qué mujer de tu vida tienen que matar para que te importe la violencia de género?
A veces no me interesa jugar a crear la mejor consigna, ni explicar algo tan básico como que ninguna vida es descartable. Pero a la vez, «la vida no es para vivir entre algodones».
Hay un hilo hecho de banderas y pancartas que une ambos acontecimientos de esta semana. La concentración en Plaza de los Dos Congresos el miércoles y Plaza de Mayo el viernes fueron fueron recordatorios de que no somos una sociedad anestesiada aún y a pesar de todo. La calle, las plazas, la música, los rituales y la certeza de que la historia con mayúscula no empieza cuando llegamos nosotras.