Ayer en el laburó deslicé que no le creía a Fabiola Yañez en su denuncia por violencia de género, que avanzó esta semana con el procesamiento del expresidente argentino, Alberto Fernández. Mis interlocutores me miraron espantados. Voy a defender mi postura y abrir el interrogante: ¿a quién le sirve esto ahora?
Yañez y Fernández, que se llevan un par de años, se conocieron cuando Alberto no estaba en el poder i.e. estaba en las sombras de armado de Sergio Tomás y ella estudiaba Periodismo en la UCA, guiño guiño. Ella se convirtió en la primera dama que no estaba casada con el presi (hasta la llegada de Milei y sus gatos digo perros esto era considerado un ESCÁNDALO) y tuvieron un hijito en 2022 (esto será importante luego) y después de que Milei ganara la presidencia nos enteramos que se estaban separando de hecho. Ella se fue a vivir a España (Isabelita vibes) y el año pasado se destapó una olla que incluía amantes, borracheras, acceso indebido de niñxs a celulares y finalmente denuncia por violencia de género.
Fernández durante su mandato proclamó que íbamos a volver mujeras, tuvo lapsus of judgement (miles), peleas con su vice, creó la Ministeria, básicamente un aliadín, pero nunca dejó de ser un señor de casi 65 años. Y se nota. Viejo y gatero, pero ¿eso lo hace un violento? Las más radicalizadas podrían decir que sí, y tendrían razón en su lógica pero todo indica que medio le están haciendo un cama. Tomemos algunos puntos:
- Se regala constantemente
2. Es medio tarado y operable.
3. Hay inconsistencias en el relato de Fabiola
4. El otro hijo dice que no era una relación violenta (pero le soltó la mano).
5. Demasiado suicida.
De todos maneras, lo dirá la justicia pero … permitime dudar.