La lucha por un mundo más igualitario para los sexos desde el feminismo viene acompañado y realzado por la sororidad a nivel mundial, excepto en Internet, dónde decidimos actuar como unas bitches totales porque queda canchero.
El impulso de hablar mal de otras mujeres se supone que es «natural» y a-histórico (el refrán «mujeres, ni juntas ni difuntas» ejemplifica esto a la perfección), pero desde el surgimiento de la web 2.0 se hizo mucho más fácil desparramar comentarios de odio, discriminatorios y falaces sobre personas públicas y no tanto en redes sociales. Y -a diferencia de los pezones y sangre menstrual- este vitriolo no provoca que Instagram o Facebook te cierre la cuenta.

En un artículo espectacular de The Atlantic, el jefe del área de Antropología de la Universidad de Notre Dame, Agustín Fuentes dijo que tanto niños como niñas son igualmente agresivos hasta los siete años de edad. Luego de la infancia, se vuelve cada vez menos aceptable que chicas se peguen -a menos que hayas ido a mi colegio- entonces se vuelcan a la agresión indirecta mientras los chicos pueden seguir siendo directamente agresivos. Al llegar a la edad laboral y más allá, los niveles de agresión indirecta se equiparan.
La frase «agresión indirecta» en realidad es la terminología clínica para el acto de ser una conchuda -la palabra que a mí parecer más se asemeja en castellano a bitch- o sea, agresión del cual no nos queremos hacer cargo. Y la hacemos de manera tal de no ser detectadas -hablar mal de esa compañera de trabajo/militancia/etcétera a sus espaldas- o de manera obvia y directa, pero bajo la excusa del chiste o del humor. O nos dicen de manera explícita no lo tomes personal.

Tal es el caso de @nanainseul, una persona que se dedica a «pasar revista» por Instagram, una wannabe Cañete pero sin la gracia de ocuparse principalmente de arte. «Pasar revista» sería una metáfora para vilipendiar a cuánto mujer aparezca por su feed o por sus manos, aunque sea una hija-de que no está buscando fama como Morena Rial (recibe epítetos como gorda), mostrar como argentinas se «copian» de otras marcas con actitud de Roberto Navarro en El Destape, subir fotitos de enamorada de Juliana Awada, confundir la militancia real por el uso de hashtags y compartir pedidos -otra manera de lavar culpas muy típico de una crianza en Zona Norte- y bardear a influencers conocidas desde el otro lado del planeta.

Nana no se ocupa con tanto odio de los hombres y no hace un análisis crítico del poder que trae la fama, o lo que es ser una wannabe o aún, los motivos por los cuales ciertas personas tienen llegada, sino que sus epígrafes suelen ser más bien pueriles, del tipo «gorda», «fea», «no tiene plata». Su violencia es celebrada por sus 204 mil seguidores, que deben encontrar algo de reinvidicación en el hecho de que se burla de famosos y semi famosos con todo el resentimiento que podés encontrar en los comentarios de cualquier nota de LA NACIÓN que trate sobre Cristina Kirchner.
Las redes sociales dedicadas al odio tienen la misma raíz que las ofrendadas al fanatismo de amor: una fijación irracional en el objeto en cuestión. Es cierto también que la instragrammer en cuestión tampoco es taaan conocida como para merecerse la cantidad de Stories y posts dedicada a ella, pero entra dentro de una de las categorías preferidas de Mariana: el destape navarriano y el «yo les voy a mostrar cómo es en realidad». También, pienso, tiene más sentido bardear a alguien menos conocido que -ponele- Awada, ya que Nana sabe que Awada nunca lo va a leer.
https://www.instagram.com/p/BR2GTSbgBy5/?taken-by=nanainseul&hl=es
Ahora, ¿es violencia de género o es violencia a secas? Como ya todxs sabemos, la violencia de género puede ser tan física o psicológica y es «ejercida sobre una persona a base de su sexo y su género que impacta negativamente su identidad y bienestar social, físico o psicológico», y es el quid de la cuestión del argumento de Nana por el cual argumenta que se la tiene que «bancar» porque lo mismo diría de cualquier persona. El argumento se cae por sí solo porque al novio no le dedica ni un cuarto de la atención que le dedica a la instagrammer, a la que culpa por mostrar «cosas que sus seguidores no pueden alcanzar».
Las audiencias no son idiotas ni pasivas, re-interpretan los mensajes referidos como se les canta el culo, interactúan como quieren con las personas que siguen en redes sociales, y tampoco necesitan a nadie que haga una jihad para defenderlxs.
Los dejo con esta reflexión muy intelectual:
Vieron lo que es nana? Es una vieja horrible, esa vieja no puede bardear a nadie, que se arregle la cara
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JA igual el punto es que no deberíamos bardearnos porque es gratis, ¡gracias por leer!
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la agresion de esta mujer, provoco que dejara de seguir a nana y compience a seguir a cande. te revuelve la panza lo violenta que es con el propio genero. saludos chicas me gustaron mucho sus reflexiones.
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¡Gracias!
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