EL AMOR NO TIENE SEGURO CONTRA TODO RIESGO

Cuentan las leyendas que antes, cuando alguien desaparecía, se decía que «se lo tragó la tierra». Ahora se lo traga el chat. Y como todo lo que pasa en el chat merece un anglicismo, lo llamamos ghosting, y con ese nombre llega también la sentencia: el que ghostea es un cobarde, un inmaduro, un cruel. Hay hilos enteros, reels con voz en off y psicólogas de TikTok explicando que el silencio es una forma de violencia. Y yo, que tantas veces me quedé mirando el doble tilde gris como quien mira el teléfono fijo en los noventa, quiero hacer una pregunta incómoda: ¿y si no siempre es crueldad?

Arranquemos por algo que parece obvio pero no lo es: la vida tiene tiempos diversos. Hay semanas en las que una tiene el cuerpo disponible para el deseo, para la charla larga a la madrugada, para el meme a las tres de la tarde, y hay semanas en las que te mudás, se te cae un trabajo, te enfermás, se te muere alguien o simplemente no te da la cabeza para sostener una conversación con un otro. No exijamos respuestas como si todos viviéramos en el mismo huso horario afectivo.

Porque acá está el quid de la cuestión: la hiperconectividad no significa estar disponible todo el tiempo. Que el teléfono esté en el bolsillo, que la última conexión diga «hace 2 minutos», que haya subido una historia con el café de la mañana, no quiere decir que esa persona te deba una respuesta inmediata. Confundimos la posibilidad técnica de contestar con la obligación de hacerlo. Las plataformas están diseñadas para que eso parezca lo mismo, y no es casual: la atención continua es el negocio. Pero que la app muestre que alguien estuvo en línea no es una promesa, es un dato. Y los datos no aman a nadie aunque nosotrxs a ellos sí.

Badiou tiene un libro chiquito y hermoso, Elogio del amor, que arranca discutiendo con los carteles publicitarios de las apps de citas. Esas que te prometían encontrar el amor sin sufrir, sin azar, con perfiles compatibles y cero sorpresas. Badiou compara esa promesa con un seguro contra todo riesgo: un amor calculado de antemano, donde nadie se expone, nadie pierde, nadie se equivoca. Y dice que eso no es amor. El amor, para él, es justamente el encuentro con lo que no controlás, la construcción de un mundo desde el punto de vista del dos y no de la suma de dos individualidades que se evalúan como productos en una góndola.

Si tomamos en serio a Badiou, la pregunta por el ghosteo cambia de lugar. Pedir que nadie desaparezca nunca, que todo vínculo tenga cierre prolijo, explicación y un «no sos vos, soy yo» bien redactado, es también querer un amor contra todo riesgo. Es pedirle al otro que nos ahorre la incertidumbre. Y la incertidumbre es parte del asunto: nadie te garantiza que la persona que hoy te escribe «qué lindo charlar con vos» mañana siga ahí. Pero que algo duela no lo convierte automáticamente en violencia.

No hay fórmulas para el amor. No las hay en las apps, no las hay en los manuales de autoayuda y tampoco en los carruseles de Instagram que te enseñan las siete red flags del varón evitativo. Hay personas, con sus tiempos, sus miedos, sus mudanzas y sus torpezas. Algunas desaparecen porque son crueles, sí. Otras porque no saben cómo decir que no. Otras porque se les fue la vida por otro lado y cuando quisieron volver ya les dio vergüenza. Meter todo eso en la misma bolsa y ponerle la etiqueta de ghosting es cómodo, pero nos deja pensando menos.

Y acá va lo que más me interesa decir, porque va a contramano de todo el consejo de época: cuando una persona no aparece en el chat, podés insistir. No acosar, no mandar veinte audios, no revisar su última conexión cada cinco minutos. Insistir como se insiste en lo que importa: con un mensaje, con otro después de un tiempo, con una pregunta simple. «¿Todo bien?» Nos enseñaron que insistir es desesperado, que la que escribe dos veces pierde, que hay que hacerse la difícil y esperar. Pero esa lógica también es contra todo riesgo: no escribo para no exponerme, no pregunto para que no me digan que no. Y entonces el silencio del otro se encuentra con nuestro propio silencio, y ahí sí no queda nada.

Insistir es aceptar el riesgo del que habla Badiou. Es decir: esto me importó lo suficiente como para arriesgarme a quedar expuesta o vulnerable. Si del otro lado no hay respuesta, bueno, ya está, algo sabés. Pero por lo menos no fue por no haberlo intentado.

¿Ghostear es crueldad? A veces. Otras veces es la vida, que no entra en el chat. Lo que sí me parece cruel es haber convertido el amor en un servicio con garantía de satisfacción, donde cualquier silencio es un incumplimiento de contrato. El amor nunca fue contra todo riesgo. Lo que tuvo siempre fue alguien dispuesto a correrlo por tener el corazón y la cama valiente.

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