ME PASÓ A MÍ: USÉ LA COPA MENSTRUAL

//Por Ludmila Ferrer 

Fue porque se lo recomendó una amiga, lo escuchó en el último Encuentro Nacional de Mujeres o lo leyó en una página ecologista, cada vez son más las mujeres que se deciden a utilizar la copa menstrual. 

 Hace un tiempo me decidí a usarla. “Cuando la pruebes no vas a querer usar otra cosa nunca más”, me aseguró muy alegre la chica que me había dado la cajita con mi copa. La miré dudosa, pero la agarré y me fui.

La copa menstrual, ¿qué es?

La copa menstrual, “vaginal” o “ecológica”, es un dispositivo intravaginal hecho de silicona médica que puede reutilizarse. La mujer puede tenerlo puesto hasta doce horas. Luego sacarlo, lavarlo  y volverlo a colocar. Si bien este producto parece ser una novedad, las primeras patentes datan de la década del ‘30 en Estados Unidos.

En Argentina puede conseguirse a través de Internet o por revendedoras hace, por lo menos, siete años. Hay marcas de diversos orígenes (Inglaterra, Alemania, España, México, Canadá) y, en 2013, se creó Maggacup, la empresa nacional que se dedica a su fabricación y venta. Los modelos de copa son variados y hay diferentes talles, los cuales dependen de si la mujer tuvo hijos y de si fue por parto natural o cesárea.

Mi primera vez

Hay algo que les tengo que reconocer a las vendedoras: dan muchísima información sobre el producto: la caja viene con un instructivo muy detallado, hay tutoriales en Internet y están muy atentos a las consultas de las usuarias.

Una vez llegado “el día D”, puse a hervir la copa tres minutos, como me indicaron. Programé el cronómetro del celular para que no esté ni un segundo de más ni de menos. La saqué con cuidado y la apoyé sobre papel. Fui a mi habitación, puse un disco de los Beatles, pierna arriba, doblé la copa y respiré profundo.

Esa vez no tuve inconvenientes, pero si le llegás a pifiar a la altura no es tan sencilla de acomodar como un tampón. Acá no se puede seguir empujando. ¿Por qué? Porque la copa se abre y forma un vacío que tenés que romper para poder moverla, ya sea para acomodarla o retirarla.

Y he ahí el mayor desafío: ¡sacar la bendita copa! Como dije antes, primero, hay que romper el vacío que forma la copa. Luego,  tomarla desde la base con dos dedos (no del cabito) y tirar para abajo. Admito que demoré tanto que llegó un punto en el que pensé en irme a la guardia. Obviamente descarté esa opción porque me dio vergüenza tener que explicarle a un médico qué problema tenía. Una vez que logré mi objetivo, sentía las rodillas temblorosas y un cansancio enorme.

Las instrucciones aseguran que son necesarios tres períodos menstruales para acostumbrarse a usarla, que hay que tenerle paciencia al cuerpo. Pero en el siguiente período no mejoró la experiencia.

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La copa menstrual de Maggacup.

La copa versus toallitas y tampones

La copa producida por Maggacup tiene un precio de $545. Si bien es un gasto inicial que parece bastante grande, hay que tener en cuenta que, según sus vendedoras, la copa tiene una vida útil de cinco años. En comparación, una caja de diez tampones cuesta $46. Si se utiliza una por mes, eso implicaría un gasto de $552 anuales y de $2760 quinquenales.

A diferencia de las toallitas y  los tampones, la copa no requiere de la habilitación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (A.N.M.A.T.). Desde el organismo sostienen que, al no ser un producto médico (que debe dar tratamiento o diagnóstico, según la disposición Nº 2318), ellos no tienen normativa para evaluarlo. “Tampoco está contemplado en la resolución 288, que habla de productos femeninos descartables de uso externo e intravaginal. Su venta es legal porque nosotros no tenemos manera de regularlo”, asegura desde el área de Productos Médicos una trabajadora que prefirió permanecer anónima por no estar a cargo del sector.

Otra de las ventajas que pregonan las usuarias y vendedoras de la copa es que es atóxica e hipoalergénica. La silicona es uno de los materiales más biocompatibles, es decir, que no causa reacciones adversas en el cuerpo humano. Distinto es el caso del algodón. Según un estudio realizado por la Universidad Nacional de La Plata, se ha detectado en ese material la presencia de glifosato, un herbicida que puede tener efectos cancerígenos, en productos que contienen algodón. Entre ellos, toallitas y tampones.

Asimismo, la copa parece pisar fuerte gracias a que la mala fama de los tampones va en aumento desde que se los señala como causantes del síndrome de shock tóxico (TSS según sus siglas en inglés). En 2015 se dio a conocer la demanda que Lauren Wasser, una modelo norteamericana, le inició a la empresa Kimberly-Clark debido a que, en 2012, tuvieron que amputarle una pierna como consecuencia de haber contraído TSS. Wasser denuncia que su infección fue causada por el uso de tampones de la marca Kotex, propiedad de la mencionada multinacional.

Sin embargo, Rocío Tempelsman, médica infectóloga (M.N 122.622), asegura que el TSS no se genera necesariamente debido al uso de tampones. “El TSS es una infección causada por la estafilococo aureus, una bacteria que tienen todos los seres humanos” dice Tempelsman. “Lo que favorece las condiciones para que se contraiga TSS usando un tampón es la sangre estancada porque actuaría como caldo de cultivo, pero es algo muy infrecuente. También existe en Estados Unidos un caso de una mujer que se infectó cuando usó una copa menstrual por primera vez”, agregó.

¿Y ahora qué uso?

Lo que te venga más cómodo. Mi experiencia con la copa tuvo sus cosas positivas. Es realmente cómoda en el uso si la colocás bien, en lo que hace al bolsillo tiene claras ventajas y es interesante tomar conciencia de cuánto menstruas (sí, perdón por la imagen tan gráfica).

Ahora, el retirarla me resultó tan molesto a nivel físico que no quiero estar forzándome a usar algo con lo que no me siento bien. Sumado a que el uso de la copa es reciente y no hay estudios de cómo impacta a largo plazo en la cavidad uterina.

El cuerpo y las sensaciones son muy personales y cada una utiliza el método que prefiere. Sí es importante experimentar, informarse y decidir qué quiere usar o no.

 

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